miércoles, 10 de mayo de 2017

La dictadura se mantuvo tras tiempo de descanso.

La dictadura se mantuvo tras tiempo de descanso. Daban igual las rotaciones de Ancelotti, la tarde era de Arda y los suyos, que no cedían el balón ni par que hiciesen un rondo en su campo. El partido, eso sí, empezó algo más ‘tosco’, más duro. Tras cargar con una cadena de tarjetas por protestas –incluido Raúl García que ni siquiera estaba en el campo-, Simeone ordenó calma y cabeza, cerebro, y el Atlético regresó al fútbol, que en esta jornada era lo suyo. Sin muescas ni arreones vikingos, Arda conectó con Saúl, que antes de que le diera un mal aviso la rodilla izquierda, conectó con Griezmann, que se la burló a un Varane en las musarañas y de cabeza con algo de suerte conectó el 3-0 en el minuto 66. Mandzukić, ya con Torres de socio y revulsivo desde el banquillo, supo darle la puntilla a los visitantes con el cuarto tanto de la tarde, un cabezazo en plancha con los zagueros visitantes mirando al tendido, mientras él ponía el balón donde la doña tiene la ropa. Un broche de oro que el croata se ganó y con creces.


Unos minutos después el árbitro pitaba y se acababa el partido, pero la fiesta aún ni había empezado. El Calderón casi se caía, temblaban los asientos y parecía que iban a salir disparados. El Atleti había dado una lección de fútbol y humildad al líder de la Liga en un partido para el recuerdo de todos sus aficionados.